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El personal de medicina evaluará los marcadores que indican inflamación sistémica, como la PCR o la VSG, que nos alertarán de que el cuerpo ha puesto en marcha la respuesta inflamatoria y de defensa, además de marcadores específicos de artritis, como los anticuerpos que explicaremos a continuación.
Es importante acudir a los controles que el especialista indique, y evaluar mediante la analítica, pruebas de imagen y los síntomas que presentemos en qué estado nos encontramos, ya que valores de anticuerpos más elevados, se asocian con mayor gravedad y daño articular.
Hablamos en concreto de los autoanticuerpos contra péptidos citrulinados (ACPA), que han supuesto un gran avance en investigación, pues son muy específicos de esta enfermedad. También de los autoanticuerpos contra IgG o factor reumatoide (FR).
Una de las formas en que los ACPA pueden dar lugar a la inflamación y destrucción de tejido, es mediante la formación inmunocomplejos con determinados antígenos, que acaban uniéndose al factor reumatoide, y de esta forma activan la respuesta inmunológica.
Si las células del sistema inmunitario (como los leucocitos) entran al líquido sinovial, es posible que la membrana que recubre la articulación se inflame (sinovitis). Si pasa tiempo sin resolverse la inflamación, esa membrana se va engrosando y tiene lugar crecimiento de tejido hacia el interior de la estructura articular. ¿Qué puede ocurrir entonces? Que la articulación se deforme y que llegue a destruir el cartílago y el hueso. Hay que tener en cuenta que esa “invasión” por células inflamatorias puede ocurrir antes de que se produzcan los síntomas propios de la enfermedad. De hecho, los ACPA en algunas personas, pueden detectarse hasta 10 años antes del diagnóstico de la patología, puesto que no habría todavía un nivel de inflamación que se perciba ya a través de síntomas. ¿Podría ofrecernos esto la oportunidad de prevenir antes que curar?